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Santa Margarita Mara Alacoque

Santa Margarita Mara Alacoque
nombre: Santa Margarita Mara Alacoque
título: Virgen
recurrencia: 16 de octubre




En la Francia del siglo xvii, la fe del pueblo estaba quebrantada; había rebelión contra la Iglesia y descuido de sus enseñanzas; el auge del protestantismo y la herejía jansenista' tenían parte de culpa en el debilitamiento del edificio levantado con el esfuerzo de los siglos. Pero como cada amenaza ocasiona una respuesta, surgieron, frescas y lozanas, nuevas fuerzas para enfrentarse a tales sucesos. Fueron particularmente efectivos tres religiosos famosos que hoy día veneramos como santos : Juan Eudes y Claudio de la Columbiére fueron sacerdotes y escritores jesuitas franceses; Margarita María Alacoque fue una sencilla monja de la orden de la Visitación. Su obra iba a ser la de popularizar la devoción del Sagrado Corazón de Jesús. Para representar a este trío así como al movimiento, hemos escogido a Margarita María Alacoque.

Nació en 1647 en Janots, pequeño pueblo de Borgoña, siendo la quinta de siete hermanos, hijos de Claudio y Filiberta Alacoque. Su padre era un notario próspero; la familia poseía una casa de campo y tierras labrantías y tenía algunos parentescos aristocráticos. La madrina de Margarita era una vecina, la condesa de Corchevar. De niña, Margarita pasó mucho tiempo junto a ella, pero la repentina muerte de la dama puso fin a esas visitas. El padre murió de neumonía cuando Margarita contaba ocho años, y éste fue otro golpe para la pequeña. Claudio había sido un hombre amante de su familia, pero extravagante y de poca visión, y su muerte les colocó en muy mala situación económica. No obstante, Margarita fue enviada a la escuela de las hermanas urbanistas de Charolles. La niña gustaba de la paz y orden de la vida del convento y las monjas estaban tan admiradas de su devoción, que le permitieron hacer su primera comunión a los nueve años. Un fuerte reuma obligó a Margarita a guardar cama durante cuatro años, y tuvo que ser enviada a su casa, a la que se habían trasladado varios parientes de su padre que habían tomado en sus manos la dirección de la granja y de la farrAlia. Ella y su madre no eran consideradas y se las trataba como sirvientas. Esta dolorosa situación empeoró cuando Margarita se restableció, ya que aquellos familiares quisieron dirigir también todas sus idas y venidas. No le permitían ir a la iglesia tan frecuentemente como ella hubiera deseado y, por ello, la niña solía llorar y rezar en un rincón del jardín. Se sentía afligida ante la idea de que no podía facilitar aquel estado de cosas a su madre. Cuando el mayor de los hermanos alcanzó la mayoría de edad, todo volvió a su cauce, ya que la propiedad quedó en sus manos y la familia pudo posesionarse nuevamente de su casa.

Filiberta deseaba que su hija se casara, pero ella consideró aquella posibilidad por cierto tiempo con indecisión, durante el cual infligía a su cuerpo severas austeridades. A los veinte años, inspirada por una visión, desechó aquellos pensamientos y decidió entrar en un convento. Mientras esperaba ser admitida procuró ayudar y enseñar a algunos niños del pueblo, de los que nadie se ocupaba. A los veintidós años hizo su profesión en el convento de la Visitación en ParayleMonial. Las monjas de la Visitación, orden fundada años atrás por San Francisco de Sales, tenían fama por su humildad y su dedicación y Margarita sobresalió en esas virtudes cuando todavía era novicia. Cuando hizo su profesión, le fue añadido el nombre de María y la llamaron Margarita María. Comenzó entonces una serie de mortificaciones y penitencias, que con mayor o menor intensidad continuarían durante toda su vida. Sabemos que fue asignada a la enfermería y que no era muy hábil en aquella tarea.

Pasaron varios años en el convento y Margarita María comenzó a tener experiencias que parecían de origen sobrenatural. La primera ocurrió el 27 de diciembre de 1673, mientras estaba arrodillada en la capilla. Se sintió invadida por la Presencia Divina y oyó que el Señor la invitaba a ocupar el lugar que tuviera San Juan durante la Ultima Cena. El Señor le dijo que el amor de Su Corazón debía cundir y manifestarse entre los hombres y que Él revelaría sus gracias a través de ella. Fue éste el principio de una serie de revelaciones que iban a cubrir un período de dieciocho meses. Cuando Margarita María fue a hablar con la superiora, Madre de Saumaise, y relató esas experiencias místicas asegurando que ella, humilde monja, había sido elegida para transmitir la nueva devoción del Sagrado Corazón, fue reprendida por su presunción. Margarita quedó tan deprimida que sufrió un desmayo y se puso tan enferma que llegaron a desesperar de salvarle la vida. Entonces la madre superiora pensó que podía haberse equivocado al juzgar a la monja y prometió que, si la vida de Margarita se salvaba, lo tomaría como prueba de que las visiones y mensajes provenían, verdaderamente, de Dios. Cuando Margarita María se restableció, la superiora invitó a varios teólogos que por entonces se hallaban en la ciudad ?un jesuita y un benedictino?para que oyeran aquella historia. Estos sacerdotes la escucharon y juzgaron que la joven monja era víctima de ilusiones. Su examen fue una tortura para Margarita María. Más tarde otro jesuita, el Padre Claudio de la Columbiére, habló con ella y quedó por entero convencido de la autenticidad de aquellas revelaciones. Él fue quien escribió acerca de la monja y el que empezaría esta devoción en Inglaterra.

Durante muchos años la monja sufrió desesperaciones, autodisciplinas y los desdenes y desprecios de quienes la rodeaban. En 1681, el Padre Claudio regresó al convento, en donde murió al año siguiente. Margarita María fue nombrada asistente y directora de las novicias por una nueva madre superiora, que se mostraba más simpatizante con ella. La oposición cesó, o al menos fue refrenada, después de que un relato de las visiones de Margarita fue leído en alta voz en el refectorio, lelendo lo que escribiera el Padre Claudio, el cual había tomado a su cargo la tarea de hacer conocer al mundo las notables experiencias de la monja. A ésta no le importaba mayormente ser o no vindicada. A los cuarenta y tres años, mientras por segundo vez servía como asistente de la superiora, cayó enferma y, empeorando rápidamente, recibió los últimos sacramentos mientras murmuraba : «Sólo necesito a Dios y perderme en el corazón de Jesús.»

Aunque la devoción del Sagrado Corazón de Jesús se practicaba antes de esa época, ganó entonces tremendo ímpetu gracias a la obra del Padre Juan Eudes y a los escritos del Padre Claudio. El Sagrado Corazón se consideraba como «el símbolo de ese amor sin límites que impulsó al Verbo a hacerse carne, a instituir la Santa Eucaristía, a tomar sobre Él nuestros pecados y, muriendo en la Cruz, ofrecerse como víctima y sacrificio al Padre eterno». Ese culto se popularizó primeramente en Francia, se extendió luego a Polonia y otros países, incluyendo a los Estados Unidos en una época posterior. La primera petición a la Santa Sede para la institución de la fiesta fue la que hizo la reina María, consorte de Jaime II de Inglaterra. El mes de junio se ha señalado para esta devoción y desde 1929 la fiesta es una de las mayores de la Iglesia.

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