Es el primero obispo de Bordeaux atestado con seguridad. Bajo su episcopado, que se sitúa en los últimos veinte años del siglo IV, la cristianización de la diócesis pareció haber superado una fase decisiva, si se da crédito a los testimonios arqueológicos.
Pero el testigo más elocuente de su apostolado queda Paulino, el futuro obispo de Nola, que él bautizó poco antes del 489 y que siempre consideró su padre espiritual, al punto de entretener con él una correspondencia regular parcialmente guardada (desaforadamente las cartas de D. han ido perdidas)
Adquirió un prestigio abundantemente superior a los confines de Aquitania por su papel en las controversias religiosas del tiempo: participó en efecto al concilio de Zaragoza que en el 380 condenó las doctrinas de Priscilliano y sus discípulos.Ya que la herejía encontró a muchos partidarios en Bordeaux y en la región, él mismo presidiò en el 384 un concilio en su ciudad que depuso a uno de los principales jefes del movimiento, el obispo Istanzo, (Priscilliano habría padecido una idéntica suerte si no hubiera preferido apelarse al emperador Massimo, decisión que le habría sido fatal).
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