Nazario era un gentil romano originario de África; su madre había abrazado el cristianismo antes de dar a luz, se llamaba santa Perpetua; el niño fue creciendo en esa misma fe hasta que dejó su casa y fue a predicar a los gentiles por los Alpes, en Génova convirtió a tantos que la ciudad lo reconoció como primer apóstol.
En esta misma ciudad la conversión más sonada fue la de una distinguida y noble viuda que tenía un hijo pequeño de nombre Celso. Nazario lo instruyó en la fe y jamás se separaron en sus predicaciones por las Galias. Según nos cuenta san Ambrosio, en Tréveris sufrieron la desdicha estos cristianos, encarcelados primeramente, fueron arrojados en la "fluencia de los ríos Sarra y Mosela, pero lograron huir; en Milán fueron arrestados por el juez Anolino, y después Je sufrir tormentos, ordenó cortarles la cabeza.
San Ambrosio mandó trasladar sus cuerpos a la iglesia de los Apóstoles edificada por él mismo.
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