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San Beda el Venerable

San Beda el Venerable
nombre: San Beda el Venerable
título: Sacerdote y doctor de la Iglesia
recurrencia: 25 de mayo




Casi todo lo que se sabe de la vida de Beda deriva de una enternecedora descripción de su muerte escrita por un discípulo suyo, el monje Cuthberto, y un breve relato de hechos en el capítulo final de su famosa obra La historia eclesiástica de Inglaterra, de la cual anotamos: «De modo que gran parte de la historia eclesiástica de Britania y, especialmente, de la nación inglesa, yo, Beda, servidor de Cristo y sacerdote del monasterio de los Benditos Apóstoles Pedro y Pablo, que está en Wearmouth y Jarrow, con la ayuda del Señor he compuesto hasta donde me ha sido posible reunirla, sea de documentos antiguos o de tradiciones de los ancianos o por mis propios conocimientos.»

Beda nació en las tierras del monasterio de WearmouthJarrow, que se alzaba junto al río Tyne, en el nordeste de Inglaterra. A la edad de siete años, su familia lo entregó al abad Benito para que lo educase. Desde entonces pasó toda su vida en el monasterio, dedicándose al estudio de las Escrituras. Era un estudiante nato. «A través de la observancia de la disciplina monástica —escribió Beda— siempre ha sido mi deleite aprender, enseñar y escribir.» Cuando alcanzó los diecinueve años fue admitido como diácono y a los treinta como sacerdote, ambas cosas por mano del obispo Juan de Beverley y mediante la petición del abad Ceolfrido. «Desde mi ordenación hasta mis presentes cincuenta y nueve años me he encargado de hacer, para mi propio uso y para el de los hermanos, breves notas sobre las Santas Escrituras, bien sacándolas de los escritos de los venerables padres o conforme a su sentido e interpretación.» Beda nos da una lista de sus muchos escritos —obras de ciencia, cronologío, poética e historia, así como comentarios de las Escrituras. Concluye con estas piadosas palabras : «Y Te ruego, amante Jesús, que así como Tú me has dado graciosamente a beber con deleite las palabras de Tu sabiduría, también me otorgues misericordiosamente que un día llegue a Ti, la fuente de toda ciencia, y que pueda comparecer ante Tu rostro.»

Aparte de muy pocas visitas a amigos en otros monasterios, la vida de Beda transcurrió en Jarrow dentro de un círculo de oración y alabanza, escritos y estudio. La noche anterior a la Pascua, del año 735, comenzó a sentir que su respiración se dificultaba y sus hermanos se dieron cuenta de que el fin se acercaba. Sin embargo, sus discípulos siguieron estudiando a su lado y leyendo en alta voz, si bien su lectura a menudo se interrumpía por eI llanto. Por su parte, Beda les hablaba y leía y cantaba alabanzas al Señor. Durante los cuarenta días desde la Pascua al día de la Ascensión, halló el tiempo necesario, entre sus cantos y su enseñanza, para dictar dos nuevos libros, uno de ellos la traducción al anglosajón del Evangelio de San Juan y el otro una colección de notas sobre San Isidoro.1 El martes antes del día de la Ascensión empezó a debilitarse. Pasó aquel día alegremente y siguió dictando mientras de vez en cuando decía al escribiente : «Ve de prisa. No sé cuánto tiempo duraré ni cuándo mi Hacedor me llevará de aquí.» Después de una noche de vigilia comenzó a dictar el último capítulo de San Juan. A las tres de la tarde mandó llamar a los sacerdotes del monasterio ,distribuyó entre ellos algo de pimienta, incienso y un poco de lino que guardaba en un arcón, y les suplicó que rezaran por él y dijeran misas. Esa noche el muchacho que escribía su traducción del libro de San Juan dijo: «Aun queda una frase, querido maestro, que todavía no he escrito.» La frase fue proporcionada, el muchacho dijo que ya había acabado y el agonizante murmuró: «Has dicho muy bien..., todo ha acabado. Ahora toma mi cabeza en tus manos para que pueda tener el consuelo de sentarme frente al santo lugar en donde solía rezar, y así sentado pueda llamar a mi Padre.» Y allí en su celda, con los hermanos en torno suyo, que cantaban ,Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo», exhaló en paz su último suspiro.

El título de «venerable» con el cual suele llamarse a Beda era un término respetuoso que en los tiempos antiguos se otorgaba a los miembros de órdenes religiosas altamente estimados. Hallamos que se le aplica a Beda en el Concilio de AixlaChapelle en el año 836 y ha seguido dándosele a través de los siglos. Aunque en el año 1899 fue llamado Santo y Doctor de la Iglesia, el título de «venerable» sigue aplicándosele hasta la fecha.

Un estudiante benedictino, el finado cardenal Gasquet, ha ofrendado un gran tributo a la obra literaria de Beda. «Cuando comparamos —escribe— la obra realizada bajo la inspiración de Beda en Wearmouth y Jarrow, con los demás esfuerzos literarios de los siglos vil y VIII, una cosa nos llama en seguida la atención. La obra de esa escuela del norte es lo que podríamos llamar «completa y estudiosa»... Puede pasar. la prueba del examen; lleva en sí la evidencia de la amplia lectura y del conocimiento profundo, utilizados con juicio y tacto crítico, y por ello se convirtió en modelo de las generaciones siguientes. Tanto si tomamos la Historia de Beda para la cronología y la cuidadosa determinación de las fechas, como su tratado del metro, que es realmente filológico, o sus comentarios a las Escrituras, y los comparamos con los esfuerzos de uno o dos siglos antes o incluso de uno o dos siglos después, en seguida podemos notar la diferencia... Observen su Historia... Vean cómo este gran anal de nuestro propio país fue compuesto. Recordemos que su autor fue un hombre que pasó su vida entera dentro del estrecho círculo de unas pocas millas, recordemos también las dificultades que en aquellos días había para poder obtener la información necesaria. Sin embargo, para adquirir conocimiento, el conocimiento exacto, fue a trabajar exactamen te como hubiera hecho un historiador de nuestros días, sin descansar hasta haber obtenido las mejores fuentes de información posible a costa de no importa cuánto tiempo, paciencia o trabajo que pudieran acarrear. Solamente hoy, en esta época de crítica minuciosa, podemos darnos cuenta de la completa excelencia de los métodos históricos de Beda. El principal estudio de San Beda y de sus compañeros monjes de Wearmouth v Jarrow fue la Biblia. De este monasterio salió el manuscrito más correcto de la Vulgata, realización científica de la mayor calidad.»

Las obras de Beda incluyen obras sobre fenómenos naturales, cronología y gramática, así como comentarios sobre los Padres Latinos y una Historia de los abades. Resumió y dio a los ingleses de su tiempo todo el saber de la Europa occidental, así como la inapreciable historia de su propio país. En todo lo que escribió tuvo el instinto de proporciones de un artista y el sentir literario del detalle interesante y pintoresco. Pero, por encima de todo, Beda fue un pensador y estudioso cristiano.

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